En la voz desgarrada de Estrella ha sonado: "Granada no tengas pena de que el mar sea tan inmenso, tú eres la novia del aire, la de la sombra de plata, la del almendro. Ay, empieza el llanto de la guitarra, llora como el viento sobre la nevada. Ay, inútil callarla, es imposible callarla".
Su emotiva actuación, interrumpida a veces por la ovación del público que abarrotaba el patio de butacas del teatro, ha puesto punto y final a un acto celebrado una vez cerrada la capilla ardiente, por la que según fuentes municipales han pasado unos 5.000 granadinos durante las tres horas que ha permanecido abierta.
Último concierto de Enrique Morente el 23/11/2010 en El Molino.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos en impúdico reto de ciencia sin raíces. por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre
Federico García Lorca
Sevillanas de la vida... de Paco Ortega... canta Alba Molina...
La soledad, la soledad, la soledad la soledad la soledad me acompaña de nuevo tu ausencia, me mata y me hiere. Lo que robamos al tiempo, tus besos Mi miedo, la escarcha de Enero La soledad me enseñó a amarte sobre los celos A perseguir tu pasión y a refugiarme en mi credo La soledad, la soledad, la soledad
En Viena hay diez muchachas, un hombro donde solloza la muerte y un bosque de palomas disecadas. Hay un fragmento de la mañana en el museo de la escarcha. Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals, este vals, de sí, de muerte y de coñac que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero, con la butaca y el libro muerto, por el melancólico pasillo, en el oscuro desván del lirio, en nuestra cama de la luna y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals de quebrada cintura.
En Viena hay cuatro espejos donde juegan tu boca y los ecos. Hay una muerte para piano que pinta de azul a los muchachos. Hay mendigos por los tejados, hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals que se muere en mis brazos.
Porque te quiero, te quiero, amor mío, en el desván donde juegan los niños, soñando viejas luces de Hungría por los rumores de la tarde tibia, viendo ovejas y lirios de nieve por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".
En Viena bailaré contigo con un disfraz que tenga cabeza de río. ¡Mira qué orillas tengo de jacintos! Dejaré mi boca entre tus piernas, mi alma en fotografías y azucenas, y en las ondas oscuras de tu andar quiero, amor mío, amor mío, dejar, violín y sepulcro, las cintas del vals.
Federico García Lorca
... y cantada a su manera por Leonard Cohen...
... y cantada en castellano por su hijo, Adam Cohen... que hace una versión calcada al original de Lorca
"La Tarara es una canción de corro, que cantaban las niñas y niños mientras jugaban; hace mención a un personaje popular un tanto estrambótico, y como toda la música de transmisión oral la letra varía de un sitio a otro, de una versión a la siguiente".
Mil versiones para esta Tarara que armonizó y nos la acercó Lorca. La Argentinita la cantaba acompañada al piano por Lorca.
Algunas versiones no tienen desperdicio...jajaja...